Mejorar la relación entre el veterinario y herrador mediante la comunicación

 

Jeff Cota, 12 febrero 2016

 
El herrador veterinario equino Mark Silverman, del Rancho Santa Fé, California, a la derecha en la fotografía, cuando trabaja con un herrador, empieza por señalar los objetivos que persigue para el caballo. Silverman prefiere que sea el herrador quien elija el método que considera más razonable para alcanzar estos objetivos. Silverman y el herrador jefe de la Universidad de Pennsylvania, Pat Reilly, presentaron conjuntamente la ponencia “Derribando obstáculos que dificultan la relación entre veterinario y herrador” en la Cumbre Internacional sobre el Cuidado del Casco del año 2016, que tuvo lugar en Cincinnatti, Ohio, a primeros de febrero.

 
¿Alguna vez ha creído estar leyendo la misma página que otra persona y descubrir que ni siquiera estaban leyendo el mismo libro? Suele ocurrir y no resulta agradable, dijo una vez Tony Robbins, orador motivacional … para comunicar eficazmente, tenemos que ser conscientes de que cada uno de nosotros percibe el mundo de manera diferente y partir de este conocimiento para comunicarnos con los demás.

 
Y esto es precisamente lo que hace que la relación entre veterinario y herrador sea difícil. Lo que uno de ellos piensa que puede ayudar al otro consigue muchas veces el efecto contrario.

 
Una de las cosas que me ofende, como herrador, es que el veterinario me diga que coloque una herradura Natural Balance de la talla 2, decía Reilly en la conferencia conjunta. Cuando alguien me dice la marca de herradura que tengo que utilizar, me empiezo a poner muy nervioso… Lo encuentro un poco insultante.

 
Es muy probable que buena parte de los herradores y veterinarios tengan la misma reacción. Y es lo que empaña la buena intención de la sugerencia.
Lo he comentado con algunos de los veterinarios con los que trabajo y me han respondido que les resulta curioso porque en absoluto pretenden ofender, recuerda Reilly. Solo se trata, dicen, de resolver un problema como retrasar el punto de despegue o breakover.

 
Sinceramente, dice Reilly, como los veterinarios tiene una formación e información limitadas, muchos de ellos no están preparados para distinguir entre lumbres cuadradas, redondas, redondeadas o anguladas. Creo que no saben realmente expresarse. De ahí que, aunque mi reacción natural sea negativa, no creo que su intención lo sea.
Pero también ocurre lo contrario.

 
El otro día hablé con una anestesista y le pregunté por un sedante, cuenta Reilly. Me preguntó lo que necesitaba y la respuesta correcta hubiera sido que necesitaba 45 minutos de sedación para un caballo de sangre caliente y 650 kg. de peso. Pero lo que le dije fue que quería 4 miligramos de detomidina, porque sabía que este había sido el calmante utilizado en mi anterior visita. Y todavía sigo pesaroso por mi respuesta. Mi intención era buena, pero, al decirle lo que quería, le estaba diciendo cómo hacer su trabajo; algo que resulta ofensivo. Herradores y veterinarios tenemos que explicar que nuestra intención no es mala. Si lo hacemos, evitaremos muchos problemas.
Silverman sugiere que, desde su punto de vista de veterinario, sus colegas debieran explicar los resultados que buscan en lugar de indicar procedimientos específicos de recorte y herraje.

 
Me parece absurdo decirles a los herradores lo que tienen que poner en los cascos, comenta Silverman, propietario de Sporthorse Veterinarian Services del Rancho Santa Fé; una vez que he hecho el diagnóstico y fijado la dirección a seguir, tengo que decirle al herrador lo que creo que le pasa al caballo, enseñarle las radiografías y compartir con él toda la información de la que dispongo, señalarle el objetivo y la orientación para cambiar algo de la curvatura del pie o el equilibrio del medial lateral y preguntarle por lo que cree que el caballo puede soportar y lo más apropiado para su pie.

Este planteamiento dejaque sea el herrador quien aporte su experiencia.

 
Tenemos que hablar siempre de la orientación y del resultado que buscamos y dejar que sea el herrador quien elija el instrumento con el que se siente más cómodo, dice Siverman. Hay 100 modos de conseguir un mismo resultado y la buena orientación es decir: lo que quiero conseguir es esto.

 
Si cualquiera de los dos está en desacuerdo con la orientación, Silverment recomienda dejar al cliente al margen de la discusión. Siempre se puede decir algo como: Veo lo que buscas con este enfoque, pero podemos intentar algo diferente. Esta es la forma adecuada de hacerlo. No se trata de criticar el trabajo del herrador delante del cliente. Nunca hay que despreciar a nadie para demostrar lo buenos que somos. Es un mal negocio y, francamente, estúpido.

 
Si resulta imposible resolver el desacuerdo y creemos que el tratamiento va a ser perjudicial para el caballo, tanto Reilly como Silverman recomiendan renunciar al trabajo.
No creo que la prescripción del veterinario nos absuelva de nuestra responsabilidad, comenta Reilly. Yo sigo siendo responsable de mi elección. De ahí que haya habido casos en los que me he visto obligado a irme.

 
Puede ser incómodo, pero también es la forma más profesional de hacer nuestro trabajo.
Renunciar a un trabajo es ciertamente una opción, añade Silverman; siempre se puede decir con tacto que no se puede apoyar un determinado tratamiento, que se prefiere dejarlo. Entiendo que puede resultar muy duro pero mejor que verse obligado a hacer algo en lo que no se cree.

 

 

Publicado en American Farriers Journal
Traducción de EKI

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