Homenaje al Herrador

Hubiera querido que este artículo fuera un homenaje a un grupo humano único pero se trata de personas a las que resulta casi imposible describir. Un buen herrador tiene que trabajar con una cuchilla afilada en la mano, permanecer  debajo de una animal de gran tamaño que a veces no quiere que se le toque. El herrador tiene además que saber tratar al propietario del caballo, lo que en ocasiones resulta aún más difícil. Tiene que trabajar con materiales tan diversos como el metal, la piel y las emociones. Necesita la finura de un cirujano y la fuerza de un luchador para manejar sus herramientas, y sin la ayuda de una  anestesia. Los buenos herradores pueden recortar los cuatro cascos con ángulos exactamente iguales con la única ayuda de sus ojos. Cuando al terminar  los mide con el calibre lo hace sólo para comprobar que ha hecho un trabajo perfecto.

El herrador es también un artista si tenemos en cuanta la vista que necesita para imaginar un casco perfecto y esculpirlo de acuerdo con ese objetivo ideal. A continuación tiene que conformar la herradura apropiada sabiendo que unos milímetros de error pueden  provocar una cojera. He visto óleos de 20x 30 cm. que se vendían por 600 euros pero que no eran tan bellos como una cojera corregida por el herrador capaz de visualizar la estructura interior, equilibrar las barras, redondear el dedo y liberar la presión de un absceso, y todo por 60 euros. Trabajos delicados que hay que realizar normalmente al aire libre,con calor y con frío, y sobre cualquier tipo de suelo. Gran parte de este trabajo tan delicado se hace además con el herrador  cabeza abajo, por expresarlo gráficamente.

Me parece imposible expresar el respeto que siento por estos personajes que son,  a la vez, artistas, cirujanos, psicólogos, herreros y contorsionistas. Hay ocasiones en que, frente a un cliente desolado por los problemas de su poni, el herrador tiene que arreglar los pies del poni y tranquilizar al propietario aterrorizado. No es raro que el cliente llame una única vez al año, cuando se acerca la temporada de caza, y exija al herrador que opere un milagro y  que, además,  aguante hasta el año siguiente.  Algunas veces se espera que el herrador entrene al caballo o que hayan acostumbrado al caballo a levantar las patas. Si el caballo ofrece resistencia y hay sangre en la escena, el propietario pregunta si su Viejo Bayo está herido, sin preocuparle que el herrador se haya rebanado una parte del pulgar cuando a Viejo Bayo le dio por brincar.

Claro que no todos los clientes  pertenecen a estas categorías, pero sí bastantes de ellos; por eso reconocemos la existencia del problema. American Farriers Journal aconseja a los herradores que prescindan de los clientes desconsiderados o que les apliquen una tarifa especial.

A la vista de este panorama hay que preguntarse por las razones que llevan a una persona a elegir esta profesión  y a admirar a las que lo hacen. Mis caballos lo agradecen tanto como yo.

 

DiannaTaplin
(Traducción: EKI)

 

4 pensamientos en “Homenaje al Herrador

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>