FITOTERAPIA: CONCEPTO Y LÍMITES

A continuación plantearemos algunas definiciones y analizaremos el papel de la fitoterapia en la terapéutica actual.

 1.- ALGUNAS DEFINICIONES

La Fitoterapia es la ciencia que estudia la utilización de los productos de origen vegetal con finalidad terapéutica, ya sea para prevenir, para atenuar o para curar un estado patológico.

La base de los medicamentos fitoterápicos son las drogas vegetales y los diferentes tipos de productos que de ellas se obtienen. El término droga vegetal no debe confundirse con el de planta medicinal. La OMS (1978), definió dichos conceptos como sigue: 

Planta Medicinal
es cualquier planta que en uno o más de sus órganos contiene sustancias que pueden ser utilizadas con finalidad terapéutica o que son precursores para la hemisíntesis químico-farmacéutica.
Droga vegetal es la parte de la planta medicinal utilizada en terapéutica. 

Así, por ejemplo, Valeriana officinalis, Digitalis lanata o Cephaelis ipecacuanha son plantas medicinales, que proporcionan respectivamente las siguientes drogas vegetales: raíz de valeriana, hoja de digital y raíz de ipecacuana. 

Los principios activos son las sustancias responsables de la acción farmacológica. En los ejemplos anteriores, los valepotriatos y el ácido valerénico son principios activos de la raíz de valeriana, los heterósidos cardiotónicos como la digoxina y los lanatósidos lo son de la hoja de la digital lanada, y la emetina de la raíz de ipecacuana. 

La Fitoterapia
utiliza, por tanto, drogas vegetales, extractos de dichas drogas o principios activos aislados de las mismas. Estos productos deberán ser convenientemente preparados, dándoles la forma farmacéutica más adecuada para su administración al paciente.

2.- LA FITOTERAPIA EN LA TERAPÉUTICA ACTUAL

Históricamente, los productos de origen vegetal, particularmente drogas y extractos, han pasado de tener un papel hegemónico en el arsenal terapéutico a un discreto segundo plano, para volver a tener, en las dos últimas décadas, una presencia cada vez mayor en la terapéutica.
El retorno hacia el uso de los productos de origen natural en terapéutica, además de por el regreso a lo natural que ha habido de forma general en la sociedad, se ha visto favorecido por:

– El descubrimiento de graves efectos secundarios en fármacos de síntesis.
– Un mayor conocimiento químico, farmacológico y clínico de las drogas vegetales y sus productos derivados.
– El desarrollo de nuevas formas de preparación y de administración de las drogas vegetales y sus extractos.
– El desarrollo de métodos analíticos que garantizan un mejor control de calidad.
– El aumento de la automedicación, ya que los productos fitoterápicos son, en general, menos peligrosos y por tanto más aptos para la automedicación. 

Para situar los límites de la Fitoterapia en la terapéutica actual, debemos partir de las siguientes premisas: 

– Si bien los productos fitoterápicos suelen tener márgenes terapéuticos más amplios y suelen dar menos efectos secundarios que los fármacos sintéticos, natural no es sinónimo de inocuo.
– Actualmente, existe una base científica que apoya la eficacia de muchos productos fitoterápicos para determinadas indicaciones.
– La eficacia se consigue sólo con el uso adecuado de los preparados fitoterápicos, tanto en lo que se refiere a las indicaciones como a la forma de administración. 

Por tanto, no debemos maximizar ni minimizar las posibilidades de la Fitoterapia. El lugar que ésta debe ocupar en la terapéutica es, ni más ni menos, aquél para el cual ha demostrado su utilidad. 

Entre los productos de origen vegetal, los hay de diverso grado de potencia farmacológica: muy potentes (hoja de digital y sus principios activos, como la digoxina), relativamente poco potentes (capítulos de manzanilla, sumidad de espino blanco y sus extractos) y potencia intermedia (como la flor de árnica y la raíz de regaliz). Si bien de la definición de Fitoterapia se deduce que ésta va a utilizar cualquier producto de origen vegetal, independientemente de su potencia farmacológica y su toxicidad, la realidad es que el término Fitoterapia suele aplicarse a la utilización terapéutica de productos de los dos últimos grupos, es decir con una actividad suave o moderada, con márgenes terapéuticos relativamente amplios, que dan lugar a tratamientos menos agresivos y que hacen de la Fitoterapia una Terapéutica suave. Desde ese punto de vista, la Fitoterapia se considera especialmente útil en el tratamiento de afecciones leves o moderadas, así como de afecciones crónicas. 

De todas formas, al igual que en los demás medicamentos, también en los preparados fitoterápicos es necesario garantizar su calidad, seguridad y eficacia. 

Las exigencias concernientes al control de la calidad de las drogas vegetales vendrán dadas, principalmente pero no exclusivamente, por las prescripciones de las farmacopeas. En Europa, las Farmacopeas Alemanas (DAB 1996) y Francesa (10ª edición) son las que contienen un mayor número de monografías dedicadas a drogas vegetales. El creciente interés por la Fitoterapia ha interesado otras farmacopeas, como la Italiana (9ª edición) que ha publicado un volumen monográfico sobre drogas vegetales. La Farmacopea Europea no sólo sigue incrementando cada año el número de monografías dedicadas a drogas vegetales y derivados (aceites esenciales, extractos, etc.) sino que en los últimos años ha publicado también normativas específicas referidas a los ensayos de contaminación. 

La seguridad y eficacia en la utilización de las drogas vegetales debe sustentarse en la existencia de literatura científica relevante sobre la demostración de su actividad farmacológica y su eficacia clínica, así como sobre su toxicidad. Existen numerosos avances en el conocimiento de los principios activos de las drogas vegetales y de sus mecanismos de acción. No debemos olvidar, no obstante, que la actividad de una droga no va a ser exactamente igual que la de su principio activo aislado, y que los efectos de ciertas drogas o extractos pueden deberse a la coexistencia de varios de sus constituyentes químicos, que en conjunto serán responsables de su actividad. Recordemos aquí, como ejemplo, los valepotriatos y los componentes del aceite esencial de la raíz de valeriana, o los diversos grupos de ginsenósidos de la raíz de ginseng. 

En cuanto a la seguridad, muchas drogas provienen de la Medicina Tradicional y han sido utilizadas durante siglos, lo cual proporciona cierta garantía de su inocuidad, principalmente en lo que a toxicidad aguda se refiere. No debe descartarse de forma general, sin embargo, la posible aparición de toxicidad o de efectos secundarios indeseables para los productos fitoterápicos por el solo hecho de ser de origen natural. 

En cuanto a la eficacia, contribuyen a probarla el conocimiento de los principios activos de la droga, los ensayos farmacológicos experimentales y principalmente los ensayos clínicos. Uno de los factores más críticos en Fitoterapia ha sido siempre, precisamente, la escasez de ensayos clínicos que demuestren la utilidad terapéutica de los preparados. Ello se ha debido principalmente a razones económicas: por una parte el elevado coste de los mismos, y por otra la imposibilidad de patentar una droga vegetal y en general la dificultad de proteger de forma efectiva los derechos sobre los derivados de las drogas vegetales, particularmente los extractos. Sin embargo, en parte debido al endurecimiento de las legislaciones nacionales y de la propia Comunidad Europea, en los últimos años se ha incrementado la realización de ensayos clínicos controlados, principalmente con extractos estandarizados. Estos ensayos son de gran utilidad para una mejor definición de las indicaciones y la posología, así como para detectar posibles efectos adversos. 

Debemos recordar, finalmente, el importante esfuerzo en la evaluación crítica de la información (química, farmacológica, toxicológica, clínica) realizado por algunos organismos, como la Comisión E del Ministerio de Sanidad Alemán, que bajo ese criterio ha publicado monografías de unas 300 drogas vegetales. En un 66% de ellas figura algún tipo de contraindicación o efecto secundario, y de estas, en un 30% considera además que no hay suficiente evidencia de su eficacia. Entre los posibles riesgos figuran reacciones alérgicas a los constituyentes de la droga en personas sensibles, alteraciones gastrointestinales, e incluso efectos carcinogénicos en un reducido número de casos. 

A nivel europeo, por su parte, cabe destacar la labor de ESCOP (European Scientific Cooperative for Phytotherapy) para aunar y coordinar esfuerzos a nivel internacional, que lleva publicadas unas 50 monografías de drogas vegetales. Finalmente, también la Organización Mundial de la Salud está llevando a cabo un esfuerzo para publicar monografías con información contrastada. 

En conclusión, en las figuras del farmacéutico y el médico, como principales profesionale competentes en este campo, no sólo recae la responsabilidad de garantizar la calidad de los preparados fitoterápicos, sino que también, especialmente desde la oficina de farmacia o de la consulta en cada caso, deben velar por su correcta utilización mediante la prescripción, la información y el consejo al paciente.

Salvador Cañigueral y Roser Vila

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