EL ARTE DE FORJAR EN CALIENTE

Es un arte fascinante que requiere de mucha habilidad y experiencia si se pretende hacerlo bien. Existen los herreros de forja artística, verdaderos artesanos del hierro y con un amplio conocimiento sobre el diseño para confeccionar diferentes adornos, herramientas, rejas, puertas, etc., y aquellos herreros que utilizan el conocimiento para confeccionar todo tipo de herraduras para caballos. Estos últimos son llamados herradores porque utilizan el producto forjado para un fin específico, el de colocarlo en el pie del caballo.

Quienes utilizamos la forja para el trabajo diario, sea para forjar herraduras mecánicas y adaptarlas al casco, para fabricar herraduras partiendo de una barra de acero o para participar de diferentes competencias, debemos contar con los conocimientos básicos sobre cómo debe manejarse el hierro estando caliente.

El herrador calienta el hierro en la fragua y luego, en el yunque o la bigornia, le da la forma correspondiente mediante el martillo de forja en combinación, o no, con otras herramientas de ayuda. A diferencia del forjado en frío, los golpes sobre el hierro caliente deben ser suaves y considerando la plasticidad que adquiere éste al calentarlo.

Dependiendo del tipo de fragua o del calor que pretendamos dar, el hierro puede calentarse sólo hasta lograr una temperatura para moldearlo o hasta una temperatura que nos permita su fundición, para fusionarlo con otras partes y lograr una soldadura a fuego. La experiencia del herrero le indicará qué temperatura se debe utilizar para cada caso.

Dentro de los colores simples, un color naranja permite moldear, un color amarillo permite realizar trabajos más profundos como la pestaña, la estampa, la riga, etc., y un color pasado del amarillo hacia el blanco permite realizar soldaduras. A partir de este color se corre el riesgo de fundir el metal y perder el material.

Durante las grandes competencias de herradores, son utilizadas fraguas a carbón porque se logra calentar el metal en menos tiempo, también se corre el riesgo de fundirlo si no se cuenta con suficiente experiencia en el manejo de los tiempos. Al hierro se lo debe trabajar siempre al rojo para no desperdiciar energía. Al enfriarse, los golpes no cumplirán su verdadero objetivo y habremos permitido que se pierda la inercia térmica. Como consecuencia, calentarlo nuevamente llevará más tiempo que mantenerlo siempre a una temperatura relativamente constante.

En el caso del forjado de herraduras redondas, de barra o de corazón, se puede soldar a fuego y para ello necesitamos llevar el hierro, antes de soldar, a una temperatura que lo ponga entre el color amarillo y el blanco. Al pretender realizar una unión, ambas partes deben estar limpias y libres de escoria, para ello se utiliza un antioxidante llamado borax o fundente que se coloca sobre las superficies a soldar, para evitar así, la formación de escoria que luego impediría la unión.

También se pueden realizar las uniones con la soldadora eléctrica y así evitar el uso de la fragua. Esta última técnica es más utilizada cuando disponemos de herraduras mecánicas ya confeccionadas, sólo debemos darle la forma correcta y unir sus talones. En el caso de la herradura corazón, sólo se debe soldar una planchuela con la forma correspondiente que se alojaría sobre la ranilla.

El forjado del aluminio también requiere de experiencia porque se manejan temperaturas diferentes al hierro. Los tiempos son menores y mediante un exceso de temperatura se corre el riesgo de fundir el metal perdiendo el trabajo realizado hasta entonces. La forma de medir la temperatura del aluminio es mediante el mango del martillo, si al pasarlo por el metal queda una marca de color marrón es porque la temperatura está justa, si al pasar el mango la marca desaparece inmediatamente es porque está demasiado caliente, si no marca nada es porque todavía está frío.

Al realizar terminaciones en hierro, pretendiendo dar un acabado vistoso, se debe librar al metal de la escoria adherida mediante un cepillo de acero. Acto seguido, se debe alternar el cepillado con un enfriamiento ligero, colocando la herradura rápidamente en un balde de agua fría. De esta forma se logra oscurecer el hierro y recuperar su brillo.

Hay quienes utilizan diferentes productos, como determinadas ceras, para oscurecer más aún el metal.

En el caso del acabado del aluminio, se debe cepillar bien luego del limado fino de los bordes y también alternar el cepillado con un enfriamiento ligero. Hay quienes logran una textura pareja y brillante de la superficie realizando el enfriado mediante un cepillo de acero empapado en agua.

*Artículo extraído de www.danielanz.com

Daniel Anz

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