¡El Herrado de los Caballos de Reining!

El Equilibrio (Balance) es esencial para el desempeño de las numerosas y comunes maniobras y figuras que ha de acometer el caballo de competición western.

¡El Herrado de los Caballos de Reining!

 


El Equilibrio (Balance) es esencial para el desempeño de las numerosas y comunes maniobras y figuras que ha de acometer el caballo de competición western.


El caballo de Reining es un deportista de alto nivel en competiciones western al que se le pide realizar diversas figuras y maniobras con suavidad, finura y rapidez.

El caballo y el jinete deben estar en equilibrio en todo momento, mientras se ejecutan giros (spin), aceleraciones (rundowns), medias vueltas (rollbacks), círculos rápidos y lentos, cambios de mano y, por supuesto, deslizamientos con parada (sliding stop).

Cada maniobra se juzga con un sistema de puntuación basado en  punto más o menos con incrementos de medio en medio punto.

Tendemos a pensar que la parada con deslizamiento es la maniobra más importante, pero todas las figuras de Reining reciben el mismo nivel de puntuación al ser juzgados.

 

HERRADURA SLIDING SHOE. Un ejemplo de herradura de Sliding con pinza redondeada para el herrado de caballos de competición western..

Recorte y aplomado bien equilibrado


Al igual que ocurre con otros caballos de competición, los Reiners (caballos de reining) deben ser recortados y aplomados correctamente. Sin un buen aplomado–equilibrado del casco, recortando con los ángulos que le corresponden,  con un buen equilibrio medial y lateral, poco importa qué tipo de herraduras les calcemos.

Al Reiner hay que recortarle los cascos de manera que la parte delantera del casco apoye en plano sobre el suelo y que el casco tenga una ancha pinza y facilidad para la salida o breakover. Unas bien recortadas ranillas y suelas permitirán al pie funcionar correctamente. El redondeado (rolling) o las lumbres levantadas ( rocker) de la herradura ayudan a dar un buen soporte y buena salida.

La principal prioridad es la de mantener el caballo sano. No me molesta el volver a retrasar una herradura de nuevo antes que herrar con herraduras de huevo a un caballo cojo que no va a competir jamás.

La mayoría de las veces cuando un caballo pierde las herraduras delanteras es porque el caballo ha dejado atrás en la parada una de sus espaldas o a que el caballo está fatigado.

Herrando caballos que se arrancan las herraduras constantemente.

EXTENSIÓN DEL TALÓN DE LA HERRADURA. La largura adecuada de la extensión del talón o callo de la herradura no debe de ser mayor que la mitad de la distancia entre el final del talón del casco y los bulbos.


Si usted tiene un “arranca herraduras” crónico y este caballo debe acudir a un gran espectáculo, toda la teoría del apoyo se va por la ventana. Debe de facilitar la salida del casco o breakover adecuando a la herradura unos talones estrechos  y cerrados, rebajando los cantos y reduciendo los talones. En general, es por la parte lateral por donde los caballos de reining se pisan y arrancan las herraduras.

Recuerde que este principio es sólo válido para las competiciones donde los caballos son llevados hasta el límite y sólo para los “arranca herraduras” crónicos.

En manos adecuadas, los reiners pueden competir con herraduras de huevo sin problemas, ya que están entrenados entre seis y diez horas por semana y rara vez utilizan el máximo esfuerzo durante los entrenamientos. Déles el soporte-apoyo que necesitan.


Herrado de las manos

La TEORÍA DEL APOYO de Gene Armstrongs afirma que la línea que se extiende desde la parte delantera da la caña tiene que salir al menos a dos tercios de distancia de la pinza y un tercio del final de los talones de la herradura.





 

 

Utilice una herradura plana sin ranurado de 6×19 mm. para las manos de los caballos jóvenes, ya que da menos longitud a sus pies. Conforme avance el adiestramiento del caballo, cambie a herraduras cóncavas o ranuradas para añadir más tracción y agarre.

Recuerde que la rama medial hay que encajarla y asegurarla ya que estos caballos tienen tendencia a golpearse durante los spins. Muchos aficionados utilizan herraduras redondeadas, pero estas no ofrecen suficiente tracción para el desempeño del spin.

 

 

 

 

 

 

 

 

Herrado de los posteriores


Nuevamente un aplomado y equilibrado normal es fundamental cuando recortamos los posteriores. Hay que recortar de modo que el casco apoye al recibirse tan plano como sea posible. No intente cargar el lado medial con la esperanza de que hará que el caballo deslice más recto.

Estos caballos deben estar cómodos para ofrecernos su mejor rendimiento. Si el caballo se está abriendo demasiado de posteriores en la parada (sliding stop), gire las herraduras un poco hacia adentro, pero manteniéndolas en línea con su cuerpo. Recuerde que un aplomado-equilibrio y ángulos normales son  claves incuestionables.

Lo qué hace a los reiners diferentes en comparación con otros caballos de competición es que la pinza de los posteriores se debe dejar unos 6 mm. más larga que en los anteriores. Esto le da al caballo un poco más de pie para trabajar con ellos.



ALINEACIÓN CORRECTA. El casco de la derecha tiene una extensión medial que hace mantener la herradura en el centro de la pata. La herradura de la izquierda tiene un giro  con el fin de alinear el casco con la dirección del recorrido.

 Podemos jugar con el ángulo y la longitud de la herradura  con el fin de perfeccionar  el deslizamiento o slide. Una herradura de sliding debe de proporcionar una tracción suficiente como para permitir al caballo hacer círculos (spin)  y dar apoyo suficiente en el sliding o deslizamiento.

Deje los talones abiertos para que se limpien las herraduras. Coloque las herraduras de sliding de modo que se sitúen en consonancia con la dirección del recorrido. Si es el caso, ponga las herraduras giradas, dependiendo de la conformación del caballo y de su fuerza para llevar a cabo un deslizamiento paralelo.



 Recuerde que debe mantener la herradura en el centro de la pata. Las herraduras que son demasiado largas y con ramas muy anchas permitirán al caballo llegar más lejos debajo de sí mismo pero no por ello le estamos dando un suficiente control de su deslizamiento.

Una herradura que es demasiado larga y demasiado amplia no proporciona suficiente tracción en los círculos.

Con aplomos de ángulos normales y herraduras más cortas, los caballos se hundirán más profundamente con el fin de tener un mayor control en el deslizamiento, mejores movimientos en los círculos y cada vez menos probables resbalones.



 

 

Herrado de potros de Reining


Cuando herramos las patas de los caballos jóvenes de reining, me permito comenzar con una herradura tipo St. Croix  "Extra" de amplias ramas, redondeando las pinzas y extendiendo los talones con un ranurado. Con esto haremos rápidamente una excelente herradura de sliding.

Cuando herramos caballos jóvenes, no hay que hacer una herradura deslizante demasiado amplia de ramas ni demasiado larga. Tener “demasiada herradura”  hace que al potro le sea difícil el mantener el control sobre  sí mismo.

Los potros durante las paradas pueden abrirse de patas demasiado y herirse a sí mismos y, si es así, no van a  intentar esforzarse mucho la próxima vez. Todavía no son lo suficientemente fuertes como para controlarse a sí mismos en las paradas con deslizamiento o círculos.

Cuanto más larga sea la extensión del talón, más se deslizan las patas bajo el caballo. Esto le hace estar fuera de equilibrio cuando tiene que parar.

Para cualquier herradura de sliding, la longitud máxima es la mitad de la distancia entre el talón y el bulbo. Para obtener un buen comienzo en caballos jóvenes, una rama de 19 a 22 mm. es suficiente, mientras que una de 25 a 28 mm. es lo máximo que debe utilizar cualquier caballo.

Recuerde que el exceso de ancho de rama y de largura de los talones de las sliding pueden realmente causar problemas cuando la velocidad se ve incrementada en las competiciones. Las herraduras muy grandes son cosas del pasado.

Hay varios buenos diseños de herraduras de sliding en el mercado. No se deje influir por modas o trucos. Los herrados de los mejores caballos de reining utilizan los principios fundamentales de equilibrio y aplomado.

 

Autor: Phillip Fisher, CJF, publicado por la American Farriers Journal, Septiembre y Octubre de 1996





Phillip Fisher

EL HERRADOR, PIEZA FUNDAMENTAL. IMPORTANCIA DE SU FORMACIÓN ACADÉMICA

Es una imposición de la actividad hípica cotidiana, que el herrador deba poseer la suficiente idoneidad ya sea ejerciendo su profesión en forma independiente o para constituirse en colaborador imprescindible del médico veterinario con quien puede conformar un conveniente y beneficioso ensamble técnico, actuando de manera similar a lo que conforman el mecánico dental con el odontólogo o el técnico óptico con el oftalmólogo o el técnico ortopedista con el traumatólogo.

Ello no está ocurriendo desde hace mucho tiempo de la manera deseada y tiene como causa esencial la falta de formación académica del herrador. Se dispone entonces a nivel nacional de una excelente actividad hípica en las distintas disciplinas, la que se acompaña de un reconocido y jerarquizado cuerpo de médicos veterinarios dedicados a la misma, pero faltando, sin embargo, igual correlación en cuanto al nivel en general del servicio de herradores, pieza fundamental de esta tríada primaria.

Poseer tal formación asegura, además de un ejercicio profesional cercano a lo ideal, la correcta interpretación y ejecución de las prescripciones que el médico veterinario realice sobre herrados normales, correctivos o terapéuticos (otras veces, el colaborador es el veterinario cuando el herrador se encuentra con obstáculos propios de la actividad de aquel). En definitiva, es el caballo el depositario del esfuerzo y los conocimientos de ambos.

 

En contraposición a lo que ocurre con otras disciplinas o profesiones, no podría decirse del herrado, “que los tiempos modernos exigen una particular formación, etc, etc…”;la exigencia del conocimiento del pie desde lo científico (histología, anatomía, fisiología, biomecánica, etc.), existió y existirá siempre; son pilares de los que no se puede prescindir; ha sido la profesión en sí misma la que ha estado expuesta a través de la historia, a ciclos de crisis y auge en distintos países según el grado de desarrollo de estos o las situaciones por las que estos atraviesan y quizá ello haya influido en mayores o menores exigencias desde lo económico afectando el nivel técnico, pero ello no implica, por ejemplo, que la importancia funcional del balance del pie o la normalidad de las proporciones del casco, por citar sólo dos, sean más importante hoy que en 1890.
En todo caso, cierto es que los tiempos modernos han aportado y aportan tecnología para mejores investigaciones, pero los cimientos son básicamente los mismos y precisamente los que le faltan al herrador no profesional, y sin los cuales al actuar empíricamente da mérito y vigencia total, por una parte; a la antigua expresión “el herrador hace lo que sabe, pero no sabe lo que hace”;y, por otra, a que el herrar, no sea ni ciencia ni arte, cuando demostrado y aceptado está, debe ser todo lo contrario.

Sobre esa falta de conocimientos de base es imposible edificar el resto de lo que conforma un profesional, viéndonos obligados a dejar el caballo en manos de un “colocador de herraduras”.

 

Tiene así el herrador, la gran responsabilidad de conocer su oficio (lo cual no implica solamente destreza o habilidad con las herramientas, aspecto por el cual muchas veces el común de la gente suele valorarlo), a tal punto de cubrir el requisito mínimo de poder “hablar un mismo idioma” con el médico veterinario, para lograr trabajar con solvencia técnica frente a cada caso, fundamentando con asidero, las diferencias de enfoque técnico o análisis de los distintos defectos, marchas defectuosas, etc.; y las correspondientes alternativas de solución (donde, además, puede jugar un gran papel el ingenio, sin apartarse de los principios físicos o biomecánicos rectores de la Podología Equina).

Hablar un mismo idioma significa utilizar el mismo vocabulario técnico y poseer igualdad de conceptos y principios (no necesariamente de criterios) en los distintos temas; de lo contrario, será imposible la interacción, conformen o no un equipo de trabajo.
 
Cuando no se cuenta (como ocurre en la mayoría de los casos) con un herrador auxiliar permanente y profesional, con el que se trabaja “en equipo”, la situación es distinta por cuanto aquí es posible que el médico veterinario -especialista en podología o no – deba dirigir a un herrador circunstancial (lo cual ocurre en muchísimos lugares de nuestro vasto territorio), proceder éste que es conveniente, quede aclarado, con el propietario o encargado del animal antes de iniciar el trabajo, a efectos de evitar situaciones incómodas derivadas, por ejemplo, de las características personales o posibles reacciones del herrador, quien debiera entender que en ese momento, él tiene la responsabilidad de ejecución de lo que el médico veterinario indique, para lo cual éste, a su vez, debe asumir total responsabilidad en el resultado del trabajo.

No es raro encontrar algún herrador circunstancial al que le resulta difícil someterse a la dirección de un tercero -aquí el médico veterinario- que además, ni siquiera conoce. Téngase en cuenta que, muchas veces y en muchos lugares como se dijo antes, para ese herrador no profesional la incursión de un médico veterinario en el herrado (en “sus herrados”) puede representar una “invasión de territorio”, a partir de la cual, con seguridad quedarán al descubierto las consecuencias de su mala técnica, lo que en la gran mayoría de los casos se debe a falta de formación académica, con lo que su “prestigio local” como herrador y quizás su caudal de trabajo -y por ende sus ingresos-, se vean seriamente comprometidos.

Pero como contrapartida, encontramos también, afortunadamente, muchos herradores no profesionales que, conscientes de sus limitaciones técnicas y con deseos manifiestos de aprender, se desempeñan como excelentes colaboradores del médico veterinario que puede dirigirlo “sin problemas”, siendo permeables a sugerencias o correcciones; aún así, en estos casos, resulta muy difícil muchas veces hacer docencia dado que, al no existir el mínimo de formación técnica, es prácticamente imposible transmitir concepto alguno; se desconocen incluso las partes del casco… y, por supuesto, está ausente todo conocimiento de forjado de herraduras, por lo que es imposible pensar en elaborar una herradura correctiva por sencillo que sea su diseño.

Téngase en cuenta también que no pocas veces estamos ante formación de escuela primaria solamente y la profesión de herrador ha sido tomada como medio de vida (a veces como segundo trabajo…). Estos que pueden parecer aspectos meramente “domésticos”, son también parte del quehacer diario de quienes andamos entre cascos y herraduras, por lo tanto, no constituyen hechos aislados.
 
Cuando no se estará con el herrador al momento de herrar, es otra práctica también dejar las indicaciones por escrito; ello no es lo ideal por razones obvias pero, en ocasiones, por imposición de las circunstancias debe ser hecho así; ejemplos: cuando el médico veterinario entiende que parte del tratamiento de una patología está en modificar aspectos del herrado, o cuando sin patología presente, se advierten pies con deformaciones que pueden y deben ser modificadas o corregidas para evitar lesiones a corto plazo (y no está presente quien hierra al animal).
 
Por su parte, el propietario del equino debe saber que es sumamente riesgoso “depositar” un importante capital económico en manos de quien no es profesional; recordemos al respecto que de la salud o normalidad los pies depende más del 50% del buen rendimiento del caballo y que del total de claudicaciones, más del 70%, de las causas que las originan, asientan en el pie; de aquí se desprende la posible incidencia negativa (¡daño!) que el hombre puede causar cuando desconoce las más elementales reglas del herrado normal. 
Al respecto Fogliata decía en el siglo XIX que “el herrador con la cuchilla, puede hacer lo mismo que la guadaña de la muerte que decapita a buenos y malos…”, en franca alusión a que el desconocimiento no permite diferenciar en el desvasado las partes normales de las que no lo son.
 
Tratando de hacer un parangón: ¿dejaría usted su vehículo de primera marca, utilitario o no, en manos de cualquier persona que practique “alineación y balanceo” sin tener los conocimientos mínimos sobre el tema? (haciendo abstracción, claro está, que esta actividad, hoy cuenta con apoyo de la computación…).
El herrador no profesional tampoco conoce los riesgos, con lo cual puede acumular años de profesión sin enterarse sobre los posibles daños causados porque, además, estos daños no se dan de un día para el siguiente sino a mediano o largo plazo ; esta circunstancia, más el hecho de no haber tenido a su lado alguien que le señale los errores, lo inducen a creer no sólo que ha hecho todo bien, sino a jactarse de que, como se dice comúnmente, “nunca rompió un caballo”, cuando como dijimos antes lo que ocurrió es que ¡no se enteró (¿o acaso no existe la posibilidad de que una venta importante no se realice porque las radiografías revelan signos de Enfermedad del Navicular -producto de mal herrado durante los dos últimos años…?-)!  

La diferencia entre el herrador profesional y el empírico, no necesariamente se traduce -como podría pensarse- en mayor caudal de trabajo y por ende mayores ingresos (dinero) a favor del primero, sobre todo cuando el segundo se desempeña en un medio donde las diferencias no pueden ser apreciadas por falta de competencia de alguien realmente idóneo. Por lo tanto, en un medio como el señalado, ¿quién está en condiciones de evaluar su trabajo, si no hay un médico veterinario con el mínimo de conocimientos como para hacerlo?

Por otra parte, tampoco debe recaer ligeramente sobre el herrador toda disfunción o falla de rendimiento del caballo…; no todo es “problema de herraje”, como suele decirse; quizá una correcta historia clínica, revele lo contrario.

 

De lo expuesto se desprende también la necesidad imperiosa de que el médico veterinario domine los aspectos básicos de la podología en general y del herrado en particular, primero como instrumentos importantes de la semiología clínica, contribuyentes a solucionar parte del problema claudicógeno (sobre todo segundo y tercer problemas de Bouley) y luego para poder evaluar el trabajo del herrador y orientarlo o corregirlo cuando el caso lo imponga.

A juzgar por lo que estamos viendo en estos días, respecto de escuelas y cursos, es halagüeño ver bastante gente joven que está comprendiendo que es imposible ejercer esta hermosa profesión de herrador sin formación académica, lo cual implica una positiva tendencia al cambio, pero aún insuficiente por lo dicho en párrafos anteriores respecto a las condiciones socioeconómicas reinantes; y esto vale tanto para la necesidad de crear más escuelas en distintos lugares del país, como para que, en su defecto, haya una afluencia importante de aprendices hacia donde están las únicas escuelas… 

Al respecto no podemos entonces dejar de recordar lo que el Dr. Pires expresara: “sin herradores competentes, el herrado es una aventura”; la competencia, en términos de idoneidad, comienza por la formación académica. Y decimos comienza, dado que los valiosos aportes de un muy buen curso, deben representar para el futuro herrador profesional, sólo “la llave de la biblioteca…”, llave que no puede dejar de tener.

 

Hugo A. Funtanillas

REFLEXIÓN ACERCA DE LA EVOLUCIÓN DEL CONOCIMIENTO DEL HERRADOR DE CABALLOS

Puedo decir, luego de haber realizado un auto cuestionamiento sobre mi estado actual de conocimientos, con relación a mi capacidad para dar soluciones a la gran variedad de posibilidades que surgen durante el oficio de herrador, que, actualmente, veo cada vez más lejana la posibilidad de abarcar cada especialidad del herrado, o cada enfermedad o problema que se presenta diariamente durante el trabajo.

Es tan compleja cada situación y el análisis correspondiente en busca de la correcta solución, que las investigaciones tecnológicas sobre el tema nos han motivado a tener que decidirnos en qué rama específica del herrado haremos hincapié, o qué especialidad escogeremos para hacer de ella una verdadera materia investigada a fondo, con pruebas y fundamentos, y abarcar, dentro de lo posible y dentro de una rama de especialización definida, todos los casos presentes durante el trabajo, considerando que cada caballo y cada patología son diferentes a otros.

En lo que a mí respecta, me he inclinado por escoger una especialización. Luego de 9 años de estudio e investigación sobre un tema puntual, arribo cada día a la conclusión, de que recién me encuentro en el punto de inicio de una materia virgen y muy prometedora en cuanto a cantidad de puntos a investigar, con o sin tecnología.

Esto me lleva a deducir que, si se requiere de tanto tiempo para dar inicio a una carrera de investigación, donde el tema escogido es uno entre una gran variedad de patologías o problemas recurrentes, cuánto tiempo requiere un herrador, en realidad, para aprender, con fundamentos probados, la extensa variedad de casos que se presentan a diario.

Claro está, que el actual herrador competente cuenta con gran cantidad de información, experiencia y práctica aplicada.
Pero debido a que la acción es enemiga del pensamiento, se puede decir que aquel herrador que tanto ha trabajado en la práctica, ha dejado de lado gran parte del conocimiento e investigación en espera. Y que aquel que tanto ha investigado, se ha privado de poder llevar a la práctica cada caso en cada caballo.

Los herradores no contamos con tiempo suficiente para obtener, de cada especialidad, los conocimientos necesarios. Debemos optar con el fin de incrementar nuestros conocimientos específicos, de entregar conocimientos en un mercado cada vez más exigente y de formar un equipo de herradores especializados, en beneficio propio, del caballo y de nuestros clientes.

El afán de pretender abarcar lo más posible, de no tener que llegar a aceptar un desconocimiento o de encontrarnos en situaciones y medios donde sólo se debe recurrir al sentido común, salga lo que salga, nos lleva a saber más de lo que, en realidad, sabemos.
Tanto la medicina humana como la veterinaria, por contar con mayores avances en el tiempo, actualmente, cuentan con una gran cantidad de especializaciones, y cada profesional escoge una de ellas, conociéndola y ejerciéndola a fondo hasta un nuevo avance.

El herrado de caballos se torna complejo cuando el nivel de exigencia por parte de los caballos de deporte exige conocimientos, fundamentos y experiencia. Y no me refiero a la experiencia como a trabajo acumulado a lo largo de los años, sino como a una gran cantidad de errores y aciertos que desembocan en resultados positivos.

Considero que el oficio de herrador, en breve tiempo, exigirá ramas de especialización, que permitan a cada herrador que escoge una de ellas, contar con conocimientos reales y concretos, y con la libertad de tiempo para obtenerlos, sin sentir la presión que le exige abarcar lo más posible, con el fin de poder competir en un mercado de herradores que tendemos a saber absolutamente todo, tanto de teoría como de práctica.

Asimismo, creo que los grandes establecimientos productores de caballos de alto nivel deportivo, deben considerar el contar con diferentes herradores, cada uno apto en su especialidad, logrando como objetivo un equipo de soluciones, de forma permanente y con un alto grado de capacitación.
A su vez, serán estos quienes exigirán, en gran parte, la actualización permanente de su equipo de herradores, sólo con el fin de obtener soluciones fundamentadas.

La visión global del caballo no deberá perderse por parte de los herradores, porque debemos contar con la capacidad de interrelacionar y ensamblar cada situación y cada patología, con el medio, genética, condición y estado de cada caballo.

Pero sí, partiendo de esa visión global y necesaria, debemos asumir que contamos con la incapacidad de abarcar, de forma profunda, cada rama posible del oficio.

*Artículo extraído de www.danielanz.com

Daniel Anz

REQUISITOS NECESARIOS PARA INICIARSE COMO HERRADOR DE CABALLOS

Contar con los conocimientos teóricos sobre la anatomía del pie del caballo, sus balances, su biomecánica; sobre herraduras normales, terapéuticas y ortopédicas, etc. no basta para comenzar a ejercer la profesión de un día para otro.

Existe un ingrediente fundamental que necesita ser tenido en cuenta, y que la ausencia de éste puede impedir que alguien llegue, siquiera, a la puerta de entrada de la carrera como herrador de caballos.
Comunmente, quienes desean ser herradores por amor al oficio, cuentan con la base necesaria para ello. Pero existe un número de personas que ingresan al oficio sólo por intereses económicos, estos suelen llegar a un punto donde se dan cuenta que les falta algo, y es ese ingrediente fundamental y necesario que se aloja muy dentro de cada persona: Es el conocimiento sobre el caballo como especie.

Debido a que el oficio forma parte de uno de los trabajos más insalubres, sucios y con riego, quien lo tome como sustento de vida debe saber que para lograr una continuidad en el tiempo es necesario contar con previos conocimientos sobre el caballo como especie, además de cierta pasión por el trabajo físico extremo, con cierta dosis de riesgo.
Aquella persona que no haya convivido previamente con caballos, se encontrará con una gran dificultad a la hora de combinar los conocimientos teóricos con la forma de llevarlos a la práctica.

Durante mis cursos de capacitación, he trabajado con alumnos con deseos de aprender el oficio sin contar con conocimientos previos sobre el caballo como especie. Pues se enfrentaban a un problema.
Aquel que posee dificultades para agarrar un caballo en el corral o en el box, cuenta con uno de los mayores impedimentos: la total ausencia de la base que permite iniciarse en el oficio. Conocer al caballo como especie.

Es muy difícil herrar el pie de un caballo sin saber qué es un caballo, sin saber cómo piensa, cuánta fuerza posee y en qué momento la emplearía, cuáles son las consecuencias de una patada, un mordisco o un manotazo, cómo se anticipa una agresión; sin saber si se encuentra en la categoría de caballos mansos, rebeldes, agresivos, asustadizos, etc. Son un sin número de variantes que una persona que ha convivido con caballos las lleva y reacciona ante ellas de forma casi innata. Y son estos conocimientos básicos previos, que permiten a todo herrador iniciarse y mantenerse en el oficio.

Además, como ingredientes secundarios, se encuentran todos los conocimientos sobre el pie en sí, el aplomado, la forja, etc. Pero sin una sólida base sobre lo que rodea al caballo como especie, será muy difícil un inicio y permanencia en el oficio. Conjuntamente, quien desee contar con esta base, debe comprender que para ello se necesita de cierto amor y pasión hacia el caballo.

Quien ya cuenta con esta fundamental base de conocimientos, puede ingresar al campo de batalla, donde el próximo obstáculo a superar es lograr el suficiente entrenamiento físico, con el fin de poder llevar a cabo el trabajo de herrado, propiamente dicho, considerando que el herrador, emplearía la técnica de trabajar solo, sin ayudante.
Quien no logra separar mentalmente la sujeción del caballo del trabajo de sus manos, no podrá concluir en un trabajo correcto. Para ello, debe superar la etapa de entrenamiento muscular y de técnica de posiciones y sujeción del pie del caballo.
Por esa razón, quien se inicia en el oficio, debe atravesar por las etapas básicas, pero indispensables.
Sacar herraduras, limpiar el casco y cortar sus partes sueltas, limar su cara dorsal, realizar las terminaciones, etc. Estos trabajos, tediosos al principio, permiten al principiante adquirir la destreza necesaria para luego poder ingresar a las etapas más complejas.
El desherrar enseña a sujetar el pie del caballo, a soportar la posición de cuclillas, y por sobre todas las cosas, a separar lo que es sujeción del pie del trabajo con las manos.
Quien desee realizar un correcto recorte de casco, debe olvidar que se encuentra sujetando el pie del caballo. Es imposible emparejar correctamente un casco si las piernas tiemblan por cansancio. Es muy difícil realizar un acabado correcto si los músculos de la cintura no soportan la posición requerida.

Asimismo, la habilidad manual llega con el tiempo. Si bien es un trabajo que, a simple vista, se observa rudo, torpe y de poca práctica, en realidad, es un conjunto de técnicas que requieren de gran destreza manual y de tiempo para adquirirla.
Cada herramienta debe ser correctamente utilizada para que cumpla la función debida, y ello se aprende poco a poco, paso a paso.
Quien respete los pasos de aprendizaje puede tener la certeza de que se encuentra en el buen camino hacia un futuro prometedor.

En algunos paises existen escuelas de herradores que incluyen un gran tiempo de práctica. Los herradores regresan con los conocimientos necesarios para comenzar a trabajar y ganar clientes.
Pero, donde los cursos son de corta duración y sólo ofrecen al estudiante los conocimientos básicos del oficio, es necesario realizar la práctica correspondiente, con el objetivo de adquirir experiencia y capacidad necesaria, para salir, luego, a ganarse la vida por cuenta propia, aceptando a su vez, que cada día posterior será un día de prueba y aprendizaje, una invalorable oportunidad de juntar experiencia en la realidad del campo.

Es aquí donde los herradores profesionales y con años de oficio, debemos permitir que esto suceda, con el objetivo final de dar lugar a nuevos y futuros herradores, a nuevas ideologías y a la gran oportunidad que significa el tener a alguien detrás, como motor que impulsará nuestro propio crecimiento profesional.

*Artículo extraído de www.danielanz.com

Daniel Anz

¿CUÁL ES LA MEJOR MANERA DE CAPTAR CLIENTES?

Siempre se debe lograr que el cliente haga el primer llamado.
Cuando llamamos a un cliente para convencerlo de herrar su caballo, queda con una enorme ventaja sobre nosotros a la hora de pagar nuestro servicio. El razonamiento subconsciente del cliente es “el herrador me llamó y me convenció, pero no me preguntó si yo podía pagar, pues ahora que espere”.
En cambio, si él hace el primer llamado, posicionamos nuestro derecho de reclamar el pago en el instante que terminamos de herrar el caballo.

Llegar a lograr que los clientes vengan a nosotros nos permite ahorrar en publicidad que deberíamos pagar para atraerlos. A ese ahorro debemos destinarlo a retener los ya clientes, mejorándoles el servicio. Ellos, luego, se encargarán de hacernos publicidad, gratis, si es que nuestro servicio cumple con sus expectativas. La publicidad de "boca en boca" es la mejor porque nos permite ahorrar dinero.

Cuando concentramos nuestras energías en atraer clientes, dejamos de atender como corresponde a los que ya lo son, por lo tanto, ocurre que mientras unos entran por la puerta, otros se nos van por la ventana.
Así mismo, cuando acudimos a nuestra agenda para ver qué cliente debemos atender mañana, debemos tomar la iniciativa de hacer la llamada por teléfono pero, siempre, procurando lograr que al "sí" lo diga el cliente. No es bueno forzarlo a que diga sí, porque quedamos en desventaja para cobrar o, simplemente, le damos la posibilidad de sentirse presionado y mostrar una tendencia a cambiar de herrador.

Como en todos los oficios, siempre hay una primera vez y un primer cliente, al cual debemos persuadir para que escoja nuestro servicio. En este caso, pongamos todos nuestros conocimientos en ese día de trabajo y procuremos hacer lo mejor que sabemos.
Si existe la posibilidad, es bueno comenzar con caballos propios o de amigos que, luego, nos recomendarán.
En estos casos, los márgenes de error son más amplios y nos ayudan a juntar la experiencia necesaria para, luego, ponerle precio a nuestro trabajo.

*Artículo extraído de www.danielanz.com

Daniel Anz