Los concursos de Herraje y Forja son una pérdida de tiempo

Como participante en el pasado en diversos campeonatos de herraje, he llegado a la conclusión de que son una absoluta pérdida de tiempo y energía,… salvo que uno mismo compita en ellos. Los campeonatos, en cualquiera de sus variantes, son una de las mejores herramientas para el aprendizaje de un oficio y el de herrador no es una excepción.

Pero, ¿para qué sirven los campeonatos?, cabe preguntarse.

 Por un lado, suponen un estímulo para hacer cosas nuevas como forjar una herradura completa o intentar un acabado mejor del propio trabajo, cosas que probablemente no habríamos intentado de no tener que enfrentarnos pronto a un concurso. Es una forma de mejorar nuestra práctica cotidiana del herraje, algo que beneficiará siempre al propio herrador, a los caballos que trata y a sus propietarios.

El aprendizaje adquirido, sobre todo durante el tiempo que dedicamos a preparar los ejercicios que esperamos tener que realizar en el concurso, no tiene precio. Y, por supuesto, siempre están los campeonatos internacionales para aquellos que quieren llegar aún más lejos.

Personalmente, yo no he competido en los dos últimos años pero durante los últimos quince lo he hecho en distintos lugares de Australia y Nueva Zelanda, así como en el campeonato mundial de forja y herraje en Calgary y permítanme decirle a aquel herrador que esté pensando en saltar a la arena y participar por primera vez en un concurso que la experiencia merece realmente la pena.

Y quién sabe, yo mismo puedo tener la tentación de entrar en escena de nuevo en cualquier momento.

R.L.Hansen

Herrador australiano

(Traducción de EKI)

 

Homenaje al Herrador

Hubiera querido que este artículo fuera un homenaje a un grupo humano único pero se trata de personas a las que resulta casi imposible describir. Un buen herrador tiene que trabajar con una cuchilla afilada en la mano, permanecer  debajo de una animal de gran tamaño que a veces no quiere que se le toque. El herrador tiene además que saber tratar al propietario del caballo, lo que en ocasiones resulta aún más difícil. Tiene que trabajar con materiales tan diversos como el metal, la piel y las emociones. Necesita la finura de un cirujano y la fuerza de un luchador para manejar sus herramientas, y sin la ayuda de una  anestesia. Los buenos herradores pueden recortar los cuatro cascos con ángulos exactamente iguales con la única ayuda de sus ojos. Cuando al terminar  los mide con el calibre lo hace sólo para comprobar que ha hecho un trabajo perfecto.

El herrador es también un artista si tenemos en cuanta la vista que necesita para imaginar un casco perfecto y esculpirlo de acuerdo con ese objetivo ideal. A continuación tiene que conformar la herradura apropiada sabiendo que unos milímetros de error pueden  provocar una cojera. He visto óleos de 20x 30 cm. que se vendían por 600 euros pero que no eran tan bellos como una cojera corregida por el herrador capaz de visualizar la estructura interior, equilibrar las barras, redondear el dedo y liberar la presión de un absceso, y todo por 60 euros. Trabajos delicados que hay que realizar normalmente al aire libre,con calor y con frío, y sobre cualquier tipo de suelo. Gran parte de este trabajo tan delicado se hace además con el herrador  cabeza abajo, por expresarlo gráficamente.

Me parece imposible expresar el respeto que siento por estos personajes que son,  a la vez, artistas, cirujanos, psicólogos, herreros y contorsionistas. Hay ocasiones en que, frente a un cliente desolado por los problemas de su poni, el herrador tiene que arreglar los pies del poni y tranquilizar al propietario aterrorizado. No es raro que el cliente llame una única vez al año, cuando se acerca la temporada de caza, y exija al herrador que opere un milagro y  que, además,  aguante hasta el año siguiente.  Algunas veces se espera que el herrador entrene al caballo o que hayan acostumbrado al caballo a levantar las patas. Si el caballo ofrece resistencia y hay sangre en la escena, el propietario pregunta si su Viejo Bayo está herido, sin preocuparle que el herrador se haya rebanado una parte del pulgar cuando a Viejo Bayo le dio por brincar.

Claro que no todos los clientes  pertenecen a estas categorías, pero sí bastantes de ellos; por eso reconocemos la existencia del problema. American Farriers Journal aconseja a los herradores que prescindan de los clientes desconsiderados o que les apliquen una tarifa especial.

A la vista de este panorama hay que preguntarse por las razones que llevan a una persona a elegir esta profesión  y a admirar a las que lo hacen. Mis caballos lo agradecen tanto como yo.

 

DiannaTaplin
(Traducción: EKI)

 

El invitado del mes: Gabino Fernandez

 Mi acercamiento al mundo del herraje se remonta al servicio militar, aquella mili que no quería hacer y que cambió el rumbo de mi vida. En casa, mineros y canteros, nunca se dio el caso de colocar herraduras. En el pueblo había un habilidoso encargado de colocar herraduras a los burros y las mulas, y en otro pueblo mas grande trabajaba un herrador que fabricando además las herraduras que se compraban en las ferreterías.

Fue la suerte o el destino quien quiso que en un cuartel de caballos, la Unidad de Equitación y Remonta (UER),me destinasen a la herrería como ayudante de los sargentos auxiliares y de dos ancianos herradores. Fue aquella una época de duro trabajo y de aprendizaje.Caballos no faltaban para practicar, y los viejos maestros,rudos en sus formas, sonreían al ver mis denodados esfuerzos por convertir un hierro en una herradura. Aun recuerdo las palabras del comandante veterinariofelicitándome al lograr por primera vez forjar y colocar las cuatro herraduras a un caballo. Al dia siguiente, un cesto con un juego de herramientas y un lote de caballos para mi solo.!Al fin era herrador!! Y desde entonces, han transcurrido casi 30 años de trabajo y aprendizaje continuo.

De vuelta a casa, logré que el herrador que fabricaba las herraduras me tomase a su servicio como aprendiz. Esto me permitió acumular experiencia y conocimiento,aunándolo con otros trabajos mas duros, pero necesarios para comer en aquel entonces. La práctica totalidad de los animales que se herraban eran caballos de trabajo, mulas y asnos. De cuando en cuando, alguna vaca o buey para recortar los cascos que me permitieron descubrir tambiénel apasionante mundo de la podología de vacuno. Era unaépoca en que apenas se conocía nada del mundo del caballo de deporte. De hecho, si alguno se herraba, noslimitábamos a forjar las herraduras mas estrechas  y ligeras, clavándolas con menos clavos. Estos clavos, eran el único material que se compraba en el taller. El resto, tan solo era carbón de la mina y hierro del desguace de los barcos.

  Con la bonanza económica llegó el boom de los caballos de deporte, coincidente con la desaparición galopante del caballo de labor y de las mulas. La nueva clientela, gente joven con caballo ligero, exigía otro tipo de herraje mas deportivo y refinado. Mi patrón se negaba a adaptarse a los nuevos tiempos. Quizás esa fue mi decisión acertada ;prever que lo moderno acabaría desplazando a lo antiguo y que era cuestión de renovarse o morir. Ese fue el momento de dar el paso e instalarme por mi cuenta. El reto era apasionante, pero duro. Hubo que cambiar el sistema de herraje por completo; aprender a herrar uno solo,desplazarse a casa del cliente..y sobre todo buscarinformación en cualquier medio: Apenas sin libros, sin internet, sin revistas especializadas. la única fuente de conocimiento eran los viejos tratados de veterinaria y herraje y muchas horas de discurrir y cavilar el porque de las cosas.

Fue la época en que yo coincidí con EKI herrajes , pues había necesidad de un proveedor fiable de herraduras y clavos. Unos catálogos, unos boletines que enviaban mensualmente y una voz al otro lado del teléfonodispuesta a aclarar cualquier duda. Una labor silenciosa e impagable de información. A través de sus boletinesaprendí que en otros sitios de España, unos jóvenescatalanes salían al extranjero en busca de conocimiento, y que ese conocimiento redundaba en el resto de los herradores españoles. El herraje español se lo debe todo a Jaume Marés y a Marti Sala principalmente, y también le debe mucho a la labor educativa de EKI herrajes. Unas voces al otro lado del teléfono llamadas Arancha y Juanjo Irazusta, y su esfuerzo en traer al herraje español todo el elenco de materiales existentes en el mercado. En sus primeros catálogos vi herraduras totalmente desconocidas,que servían para tratar problemas que apenas conocía todo este material y todas aquellas herramientas, nuevas para mi, estaban a mi alcance gracias al esfuerzo de aquellosjóvenes empresarios. Y sin menospreciar el patrocinio de tantos clinics con prestigiosos herradores y veterinarios, tanto nacionales como extranjeros.

La suerte empujó mis pasos hacia Madrid, donde resido actualmente. Madrid es un gigante comparado con las provincias. Toda la experiencia acumulada y todo el conocimiento adquirido en mis primeros años deprofesión, dieron pronto su fruto y me permitieron dedicarme casi en exclusiva al herraje terapéutico. Las nuevas tecnologías, internet entre ellas supusieron una poderosa herramienta. Y todo ello, sin dejar de adquirir conocimiento de uno y de otro sitio.

Y por supuesto, EKI herrajes siempre ahí, siempre atendiendo con la eficiencia y la seriedad demostrada todos estos años de fidelidad mutua. Acercando a los herradores los mejores materiales y herramientas al mejor precio. Antes, Arancha y Juanjo, ahora Nora y Borja, pero igual de serios, igual de atentos y serviciales.

Son casi veinte años de trayectoria común y auguro muchos mas si la salud nos lo permite. Un buen proveedor de material es una parte fundamental en el equipo del herrador, y EKI herrajes tiene mucho que ver en lo que hoy soy como herrador, de lo cual estoy profundamente agradecido.

Bonustrack. Os dejamos un vídeo de Gabino.

www.farriergabino.com