Qué es la enfermedad de la línea blanca

La enfermedad de la línea blanca o del “hormiguillo” es un deterioro súbito de ésta o de la muralla del casco. En los casos muy graves el trastorno tiene como consecuencia una cavidad en toda la murallas o en parte de la misma.

La causa de esta enfermedad es una micosis (infección por un hongo) unida a una infección bacteriana. Tanto en las cuadras como en el aire hay hongos y bacterias por todas partes.

En realidad, la denominación “enfermedad de la línea blanca” es engañosa porque es una enfermaded que no sólo afecta a la línea blanca, sino que también involucra a otras partes del estuche córneo del casco. La enfermedad de la línea blanca empieza en la mayoría de los casos con una grieta, una irregularidad de la línea blanca o un agujero de un clavo. La línea blanca es muy blanda y, por lo tanto, un lugar idóneo para que comience una infección. Los hongos que producen la enfermedad hacen acto de presencia de inmediato en la infección porque el entorno es idóneo para ellos.

Desgraciadamente es una enfermedad que muchas veces pasa desapercibida. Es de máxima importancia que el herrador elimine completamente el tejido afectado.

En los próximos días mostraremos distintos casos clínicos.

Rob Van Nassau (El casco del caballo)

 

Pérdida de herraduras

La pérdida de las herraduras es un contratiempo que afecta a muchos propietarios de caballos. Como con La ley de Murphy, la herradura se desprenden justo antes de un importante acontecimiento ecuestre cuando no hay tiempo para llamar a un herrador , y eso suponiendo que haya uno cerca… pero, bueno, Murphy tenía caballos, no?Nos gusta salir a montar nuestros caballos en pri…mavera y a principios de verano. Seguimos la rutina de la cita con el veterinario, herramos a nuestros caballos y comenzamos a entrenarlos para ponerlos en forma. También es la época en la que se pierden herraduras y se producen deformaciones en el talón. Y hay razones de peso que lo explican.

La más obvia es el tiempo húmedo. Mucha gente culpa al barro aunque este no sea un factor tan importante. En realidad, es la humedad que recoge el casco la que hace que éste se vuelva más blando y deformable. Es más fácil l que los clavos se salgan de un casco blando.

Otras razones a tener en cuenta: hay caballos a los que les gusta escarbar, sobre todo junto a las vallas. Los pastos de hierba alta o con maleza tienden a desprender las herraduras. Los caballos en baja forma o inexpertos pueden caminar de forma poco conveniente. Hay ejercicios duros para las herraduras, como las carreras o aquellas pruebas que exigen giros a diferentes velocidades.

La propia estructura del caballo puede provocar que las herraduras delanteras golpeen a las traseras. Hay tantos tipos de caballo como de jinetes por lo que son muchas las posibilidades de pérdida de herraduras. Algo que es casi inevitable.

Un casco equilibrado es prueba de un buen mantenimiento. Si no se recorta o no se hierra el casco con regularidad, éste tiende a sufrir separación den la pared del casco (flare) y a ser irregular. Si uno de los lados del casco crece más que el otro, el caballo no marcha bien y puede perder una o varias herraduras. Puede que haya que someter al caballo a dos o tres sesiones de tratamiento para resolver un problema de desequilibrio.

Otra situación que puede derivarse de la falta de tratamiento regular del casco es la desviación del talón, asociada normalmente a un dedo excesivamente largo. Si el problema no se trata, la parte posterior del casco soporta una tensión que tiende a provocar grietas y roturas, que a su vez pueden deformar el pie. Es un problema que impone una tensión excesiva sobre los tendones flexor situados en la parte trasera de la pierna. La solución habitual es colocar herraduras con talones que sobresalgan por detrás en la pata. En estos casos,cuando la herradura sobresale, puede resultarfrustrante ,que ésta se engancha y acabe perdiéndose.

Si no se procede al recorte del casco con la frecuencia adecuada, el caballo sufre, sobre todo si tiene problemas de conformación de las patas o de los cascos.

Hay gente que valora al herrador según el tiempo que la herradura aguanta sin desprenderse. Aunque nadie niega la conveniencia de que la herradura se mantenga en su sitio durante un cierto tiempo, incluso el “herraje mejor hecho” se deteriora con el tiempo y requiere una revisión. Hay personas que tienden a retrasar excesivamente estas revisiones hasta que los cascos de sus caballos empiezan a tener un aspecto “pobre”, aun cuando el trabajo en principio fuera de buena calidad.

No debiera sorprendernos que los herradores más reputados prefieran trabajar con clientes que respetan una rutina razonable y no con aquellos que tienden a posponer en exceso el cuidado de los pies de sus caballos. Un mantenimiento regular mantiene al caballo en forma, mejora la relación entre el buen herrador y el propietario del caballo y reduce el riesgo de pérdida de herraduras.

William “Toby” Tobler, CJF.